1.- Un proceso prometedor
Los tres primeros Foros Sociales Europeos (FSE) han
permitido iniciar la construcción del movimiento alter-mundialista
en Europa y hacer de la globalización neoliberal un objeto político.
Desde el primer Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre
en enero de 2001, los Foros Sociales, y en particular los FSE, constituyen,
casi independientemente de su contenido real, los principales elementos
de visibilidad pública y mediática de este movimiento ahora
llamado alter-mundialista. Sobre la base de la Carta de Porto Alegre,
que se ha impuesto como referencia obligatoria, los Foros se han convertido
también en procesos casi permanentes de «aglutinación»
de nuevas fuerzas y de luchas a menudo dispersas. Para decirlo de alguna
forma, hasta ahora estas luchas ponían en práctica la alter-mundialización
cada una por su lado y sin saberlo. Ahora disponen de un amplio abanico
de referencias y de objetivos comunes.
Esta ampliación es también geográfica
pues la celebración de los tres primeros FSM en Brasil ha permitido
incorporar al movimiento alter-mundialista, y por lo tanto con una visión
compartida, poderosos movimientos sociales de América del Sur,
principalmente campesinos e indígenas. El FSM de Bombay en 2004
ha jugado el mismo papel para India. La geopolítica de la alter-mundialización
se acerca ahora a la de la globalización neoliberal, aunque todavía
está lejos de sustituirla. Se puede esperar que el FSM previsto
en África en 2007 jugará para este continente un papel comparable
al de 2004 para India. En este contexto faltan todavía: Europa
del Este, Oriente Próximo y Asia oriental, mientras que China sigue
aún al margen durante un periodo indeterminado. Para completar
esta geopolítica de la alter-mundialización, es conveniente
estudiar el desarrollo de los Foros Sociales Locales (FSL) en numerosos
países, los cuales constituyen una valiosa herramienta para el
arraigamiento del proceso de los Foros. Lo mismo ocurre con los Foros
Sociales Nacionales (FSN) que aparecen en varios países.
Este proceso constituye por lo tanto un avance considerable en la lucha
contra la globalización neoliberal. Sin embargo, para continuar
desarrollándose, debe pasar a una nueva etapa, pues los riesgos
de ahogo, de caída y de repetición son ahora patentes. En
este sentido, la autocrítica y la crítica son componentes
indispensables de la dinámica de los Foros, por lo que debemos
tener una mirada lúcida sobre el estado del proceso.
El movimiento Attac a escala internacional, ya que está comprometido
desde el primer día en la concepción y en la construcción
de los Foros Sociales, tiene una doble obligación: en primer lugar,
lucidez y examen sin complacencia de las insuficiencias o de las desviaciones
que se produzcan; a continuación, proposiciones a los otros movimientos
para que este proceso vuelva a surgir y se amplifique. El FSM ya ha emprendido
para 2005 una reformulación, y se podrá comprobar en enero
próximo si ha sido un éxito. Lo mismo debe suceder a escala
europea.
2.- Un balance contrastado
Las tres misiones hasta ahora asignadas a un FSE (confrontación
de ideas, elaboración de proposiciones, decisiones de acciones
comunes) han sido cumplidas de forma muy desigual.
Las confrontaciones han tenido lugar sobre todo antes
del propio FSE, en el proceso de preparación, cuya traducción
se encuentra en el programa de las sesiones plenarias. Al tomarse las
decisiones por consenso, este es el resultado obligatorio de compromiso
entre las diferentes fuerzas que participan en esta preparación,
incluso si el resultado de este compromiso puede parecer insatisfactorio.
De esta forma, con ocasión de los tres FSE, el lugar ocupado por
los temas de la guerra y del racismo ha sido especialmente importante,
en detrimento de otras grandes cuestiones, como las cuestiones económicas,
medioambientales y sociales o las ligadas a la construcción europea.
No es para nada evidente que la jerarquía que
ha surgido de esta forma sea compartida por la mayoría de los movimientos
sociales presentes en los foros. Esto se podría verificar por un
examen comparado de las peticiones (de seminarios y de talleres) y del
programa final de las plenarias. Es el funcionamiento y el modo de discusión
de la asamblea europea de preparación (AEP) lo que se pone en duda,
y su dificultad para tener debates políticos coherentes sobre las
prioridades estratégicas del movimiento. Es cierto que esta asamblea
es «abierta», ya que cada uno(a) puede participar en ella.
Sin embargo, hay que señalar que ciertas organizaciones, en especial
porque disponen de personal y de medios financieros o porque quieren imprimir
su marca política, participan mucho más que otras. Esta
realidad debe incitar a la AEP a desarrollar la representatividad en su
seno de todas las organizaciones. Por otro lado se puede constatar que,
al cabo de tres años, el núcleo de las organizaciones más
activas en la AEP ha evolucionado poco desde el primer Foro. Esto demuestra
al mismo tiempo una fidelidad y una continuidad, pero también un
límite en la ampliación que se debe traducir también
en la entrada de nuevas organizaciones en este núcleo. Al constituir
la AEP el verdadero lugar de construcción política del FSE,
por ser ahí donde se determinan las orientaciones de este acontecimiento,
conviene enriquecer su carácter democrático, representativo
y participativo. La creación de una solidaridad financiera más
importante será sin duda necesaria para aumentar la participación.
Esta observación es válida también para la asamblea
llamada «de los movimientos sociales».
Con motivo del propio Foro, ciertas confrontaciones útiles se desarrollan en los seminarios y talleres, pero las plenarias
se reducen la mayoría de las veces a una yuxtaposición de
discursos conocidos de antemano y con efectos oratorios de uso puramente
mediático para los representantes de las organizaciones que se
han disputado duramente su plaza en la tribuna.
A pesar de que en los FSE se han producido debates reales,
estos presentan tres defectos. El primero, observable a posteriori, es
la ausencia de indicaciones para las plenarias, seminarios y talleres,
que permitan saber si se trata de confrontar análisis, de intercambiar
experiencias o de construir alternativas. El segundo defecto es una ausencia
total de capitalización. Si bien es verdad que se pueden encontrar,
en algunos casos, actas de sesiones que reflejen, mejor o peor, la naturaleza
de los debates que han tenido lugar, no existe ningún método
que permita identificar los puntos clave tratados en estos debates, para
hacerlos públicos y retomarlos en el siguiente FSE con el fin de
asegurar una continuidad y medir el progreso alcanzado. No cabe duda de
que esta situación alimenta un sentimiento de repetición.
El tercer defecto es la aparición, en Londres, de desviaciones
que los precedentes FSE habían evitado. Se han visto y se han oído
manifestaciones de intolerancia, insultos, pseudodebates sin contradicción
autorizado, cuya responsabilidad incumbe a grupos políticos sectarios,
organizaciones confesionales, como en los seminarios sobre Irak y sobre
la ley francesa sobre los signos religiosos en la escuela. Estas desviaciones
no pueden continuar sin poner en peligro la propia existencia de los FSE.
La dimensión elaboración de proposiciones
ha estado presente, gracias a ciertos seminarios cuidadosamente preparados
en encuentros o intercambios previos por redes que avanzan en su trabajo
de un Foro a otro. Pero el FSE no es, en general, el lugar central de
su elaboración. Podría ser al menos el de su valorización
pública, pero este no es el caso. Esto se debe a la insuficiente
conciencia de esta dimensión en la concepción y la estructuración
de los FSE que no prevén un momento para hacer políticamente
visibles estas alternativas, y al interés limitado, incluso inexistente
de ciertos organizadores, por la constitución de una «memoria»
de estos encuentros. Actualmente, se está cubriendo en parte esta
grave carencia, pero hacen falta medios humanos y financieros. En este
marco, la constitución de una base de datos de las proposiciones
salidas de los tres FSE debería ser un objetivo prioritario.
La dimensión decisiones de acciones comunes se
ha reducido ampliamente a la fijación de las fechas de las manifestaciones
mundiales comunes (15 de febrero de 2003, 19 de marzo de 2005). Es muy
importante, pero insuficiente. La compilación, por la «AG
de los movimientos sociales», de un calendario de las otras citas
internacionales decididas por los seminarios proporciona un recordatorio
útil, pero nada más. Los FSE no han permitido, hasta hoy,
realizar campañas reales de movilizaciones europeas.
Estas consideraciones críticas no pueden ocultar los aspectos positivos
del proceso, en especial el de la aglomeración progresiva de nuevas
organizaciones, subrayado en el punto 1, y sobre todo de las convergencias
que ciertas de estas organizaciones descubren entre ellas. Movimientos
que se ignoraban o que no se hablaban aprenden a conocerse; se eliminan
prejuicios y bloqueos, y ven la luz nuevas posibilidades de trabajo en
común.
3.- Demostrar imaginación
El balance anterior exige naturalmente proposiciones
de reestructuración completa del proceso. Hay que aceptar la idea
de que un FSE tiene múltiples funciones, ya identificadas o surgidas
de la experiencia, y que hay que pensarlas como un todo. Y esto hay que
hacerlo a partir de Atenas 2006. En primer lugar, un Foro Social Europeo
debe tener una especificidad social y europea, lo que no significa para
nada que ignore al resto del mundo. Debe tener un carácter operacional
para los Europeos a partir de sus contextos políticos nacionales
y continental, o si no tendrá simplemente valor de coloquio bien
intencionado. Las tres dimensiones citadas anteriormente (confrontaciones,
elaboración de alternativas, decisiones de acción) deben
materializarse en momentos distintos, pero articulados, controlando la
posibilidad de tiempo de mutualización. A estas tres funciones
se añaden otras cinco, igualmente necesarias:
la función de información
y de acogida permanente del conjunto de los participantes, de los cuales
muchos se encuentran desorientados en un torbellino de stands, banderas,
etc.
la función cultura y educación popular.
la función presentación de las organizaciones
participantes a un público que no las conoce.
la función «política» en el sentido
estricto del término. Para evitar la hipocresía actual,
por la que ciertos partidos hegemónicos en el comité de
organización (como lo hemos visto en Florencia y en Londres) cuentan
con más influencia y son omnipresentes, bien directamente bien
por medio de organizaciones-escaparate, hay que asumir la legitimidad
de su presencia, pero en un espacio delimitado.
por último, la función «Todos juntos»,
en una gran concentración popular del tipo Millau 2000 o Larzac
2003, con actos colectivos (manifestación, meetings, música,
cultura en todas sus formas...).
Estas ideas implican una reforma del proceso de preparación del
FSE con un triple objetivo: por una parte, se trata de hacer de la AEP
un lugar real de decisiones; por otra parte, el debate político
debe realizarse sobre las elecciones que se deben aplicar con ocasión
del Foro; finalmente, el funcionamiento de la AEP debe mejorar en una
lógica de democratización, de representatividad y de ampliación.
La creación de colectivos nacionales, democráticos y representativos,
puede ser el medio para favorecer la realización de estos objetivos.
En esta óptica, la cuestión puede plantearse sobre el interés
de una «AG de los movimientos sociales» puesto que la AEP
tendría ya vocación de englobarlos, e incluso de ir mucho
más allá.
La AEP debería profundizar en el debate, por
una parte, sobre la construcción de medios logísticos permanentes
(financiaciones, informática....); por otra parte sobre la articulación
con el comité nacional de preparación del país de
acogida del FSE. En lo que respecta a la periodicidad de los FSE, se impone
el ritmo bianual, en alternancia con el FSM, con el fin de no desgastar
las energías militantes y agotar los recursos financieros de las
organizaciones. Entre dos FSE, se podría celebrar una reunión
europea de las diferentes campañas en curso. Elle tendría
también como objetivo discutir de las movilizaciones centrales
del movimiento para el año siguiente.
Para Attac-Francia, el futuro de los FSE dependerá
de la aceptación de estos diferentes imperativos y de su asimilación
por parte de estructuras de preparación adecuadas.
El Consejo de Administración de Attac-Francia,
el 20 de noviembre de 2004.